Esta semana el autor nos trae a las páginas de XL reflexiones sobre el remordimiento: remordimientos ante la actitud del mundo frente al conflicto yugoslavo; remordimientos ante la actitud de muchos frente al mal llamado conflicto vasco.
Entre ambos se pueden establecer numerosos paralelismos y numerosas diferencias. Curiosamente los paralelismos los buscan y establecen aquellos a los que les gustaría que las numerosas diferencias no existieran y que el mal llamado conflicto vasco se trensformara en algo parecido a lo que ha ocurrido en ese maravilloso trozo de Europa conocido como Los Balcanes.
He de reconocer que incluso yo caigo en la tentación de dejarme vencer por aquellos que anhelan balcanizar España y la tentación me lleva a anhelar la existencia aquí de un Madlic de turno, alguien capaz de poner en su sitio a esos malnacidos que acaban de arriar la bandera nacional de los ayuntamientos vascos ante la pasividad vergonzante y vergonzosa del resto de los mortales; un Madlic de turno que ponga en su sitio a esos malnacidos que han arrancado de las paredes consistoriales el retrato del rey de España ante la actitud vergonzante y vergonzosa del resto de los mortales; un Madlic de turno capaz de poner en su sitio a esos malnacidos que han prohibido entrar en las instituciones vascas a los guardaespaldas de los concejales amenazados de muerte por ser españoles.
Pero no, Las Españas nada tienen que ver con Los Balcanes. Aquí solo un bando despide odio y exclusión, sólo un bando asesina, extorsiona y secuestra. Y el otro bando pone las víctimas, el dinero del impuesto revolucionario, el exilio…y la resignación.
¿Y el remordimiento? A este pueblo lo han aborregado tanto que no existe el remordimiento, porque probablemente no exista sentimiento de culpa. Los intereses de partido han estado siempre por encima de los intereses nacionales y lo que es peor, por encima de la dignidad y de la vergúenza nacional. Y durante más de teinta años hemos sido permisivos, cuando no alentadores, de las ikastolas, de las erriko tabernas, de las embajadas, de los pasaportes, de las imprentas al servicio de causas secesionistas y asesinas. Cómplices, cuando no alentadores de la persecución civil y vital, de la exclusión social, de la discriminación. Y los que ni lo hemos consentido ni alentado lo hemos permitido con resignación y dolor silenciado por la vergüenza y el pudor.
Remordimiento por ver a nuestros hijos discriminados en las escuelas, remordimientos por ver los balcones vacíos de banderas, remordimientos por no haber dado una respuesta contundente a las eternas provocaciones, a los eternos insultos y a las eternas humillaciones que como hombres tenemos que sufrir, que como españoles tenemos que soportar.
¿Me repele lo ocurrido en ese maravilloso trozo de Europa conocido como Los Balcanes? Me produce una mezcla de sentimientos de rechazo ante el salvajismo y admiración ante el orgullo y la dignidad nacional. Y aquí el salvajismo lo ponen unos, y el resto ponemos la desvergüenza y la indignidad nacional, ponemos la resignación y ponemos el remordimiento.
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